sábado, 14 de febrero de 2009

aves

Las aves, originadas probablemente en algún grupo de reptiles durante el periodo jurásico (era Mesozoica), hace unos 200 millones de años, son los únicos organismos con el cuerpo cubierto de plumas.
Estas tienen importancia en el mantenimiento de la temperatura corporal y en el vuelo. Hay dos tipos básicos de plumas: las que cubren la mayor parte del cuerpo, cuyo tipo principal son las tectrices o cobertoras (cortas y flexibles), y las que constituyen el vuelo de estructura más rígida y especializada, ubicada en las alas (remeras o remiges) y en la cola (timoneras o rectrices). En el nacimiento de ésta, casi todas las aves poseen una glándula uropigial que segrega un aceite, que con el pico recoge y lo esparce por el plumaje para mantenerlo impermeable y flexible.

El esqueleto de las aves es relativamente más liviano que el de otros vertebrados, con los huesos largos y delgados con espacio libre en su interior. El cráneo es redondeado y aerodinámico, tiene sus huesos notablemente fusionados; las mandíbulas se extienden hacia adelante formando el pico, sin dientes y recubiertos de un estuche corneo. La cabeza tiene gran movilidad por el tipo de articulación de las vértebras del cuello, pero durante el vuelo estas se insertan unas con otras quedando trabadas. Las vértebras caudales se fusionan en una sola pieza (pigostilo) y contribuyen al movimiento de la cola.
Los miembros anteriores están transformados en alas, y su mayor diferencia con los demás vertebrados es la fusión de algunos huesos (carpo, metacarpo y falanges). La cintura escapular articula con las alas y hacia adelante con el esternón, muy desarrollado en las aves voladoras, con una prominente quilla que da mayor superficie de inserción a los potentes músculos del vuelo.

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